EN RECUERDO DE JOSEP SERRA LLIMONA

14.10.2021 - 14.11.2021

Basta con una pequeña selección de sus obras para darnos cuenta de lo que caracterizó a la producción de Josep Serra Llimona: una capacidad extraordinaria de destacar sus ‘motivos’ allá donde se encuentren, pero también donde menos los esperamos. Dotados de un gran oficio y versatilidad plástica, él siempre pintó como una acción de gracias y, por ello, podemos ver toda su obra a modo de dietario de agradecimiento hacia esa vida que cotidianamente le sorprendió con un motivo u otro: paisajes, marinas, vistas urbanas, retratos, interiores o bodegones, cualquier porción de realidad -por pequeña o aparentemente insignificante que fuese: véase, si no, el magnífico bodegón de las cabezas de ajos- podía llevarle a dibujar o pintar preso de una extraña energía siempre renovada. Sólo así se entiende su capacidad de sobreponerse a la enfermedad de Parkinson que contrajo cuando apenas tenía cuarenta años.

La pintura pues como un ejercicio cotidiano de celebración de la vida en todo su inagotable abanico de pretextos, pero al mismo tiempo como la creación de un mundo más real, más vivo y latiente que la propia realidad, totalmente convencido de que la vida necesitaba del arte para afirmarse y reconocerse. Sin su ‘franciscanismo’ tan discreto como eficaz, su obra no acaba de ser comprendida. Serra Llimona tuvo el inmenso privilegio de levantarse cada día convencido de su misión en la tierra y esto es lo que dota al conjunto de su obra de un tono y una luz muy especiales: nunca pintó por pintar sin estar totalmente convencido de que en cada una de sus obras tenía que ser capaz de transmitir la singularidad -la unicidad- de aquello que se proponía recrear, fuera lo que fuese. Sin cumplirse aun un año desde que nos dejó, su veintena de cuadros de esta pequeña exposición así lo demuestra.

Àlex SUSANNA

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