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Dominika Berger

Polonia, 1966
El aire de tono dorado, mixta sobre tela, 97 × 92 cm

Acerca del artista

Nací en Wrocław (Polonia), ciudad que durante décadas había pertenecido a Alemania.

Una sombrilla extendida sobre mi cochecito constituyó mi primer gran impacto visual. Era de colores intensos y el patrón era lo suficientemente complicado para garantizar a mis padres largas y deseadas horas de calma. Desde entonces, el dejarse hechizar por el mundo visual se establecería como una constante en mi vida; con el paso de tiempo ya no bastaba la mera observación, quería tenerlo para mí.

Me vienen a la memoria las palabras de uno de mis profesores en la facultad de Bellas Artes de Cracovia, aludiendo a la necesidad de llevar siempre encima un pequeño bloque de esbozos que, según él, era tan indispensable como un pañuelo.

Durante aquellos años universitarios dedicados a la especialidad de pintura, tuve la oportunidad de profundizar en el conocimiento en historia del arte visitando por cuenta propia algunos de los grandes museos europeos. En una de estas escapadas conocí Barcelona, y en el año 2000 me instalé en la ciudad para cursar los estudios de doctorado en Bellas Artes en la Universidad de Barcelona. Mi trabajo se tituló “Rostro e identidad”.

Iba a la facultad en unos vagones de metro repletos de gente cuyos rostros eran muy distintos de los que veía en mi país. Me fascinaba aquella diferencia. Fue en estos estudios donde por primera vez me adentré en un diálogo con el tema que me apasionaría hasta hoy- la cara humana. Mi tesina fue distinguida con matrícula de honor.

A lo largo de mi trayectoria como artista, el rostro humano, frecuentemente el mío, ha sido el protagonista de mi obra, muchas veces convertida en diario personal. Producía cuadros acromáticos, que reflejaban los días deslucidos en mi Polonia natal. Los únicos colores eran los de la tierra, de lo orgánico y lo natural.

El tema del rostro me perseguía, aunque en algún momento los lienzos empezaron a poblarse de nucas, cuellos, y casi de la figura humana entera. Paulatinamente, fue apareciendo el color. Sin embrago, las caras no desaparecieron.

Mi primer paso para dar a conocer mi obra fue presentarme a numerosos concursos y premios. Obtuve premios en algunos de los más importantes, lo cual me ofreció cada vez más posibilidades de exponer. Fue así como llegaron mis exposiciones individuales en la galería AB (Granollers), la galería Antoni Pinyol (Reus) y la galería Ignacio de Lassaletta (Barcelona), que me representó durante algunos años. Al acabar el recorrido dicha galería, empezó en 2016 mi colaboración con la Sala Parés, donde desde entonces regularmente presento mi obra en exposiciones individuales y colectivas.

Conversando con la luz, acrílico sobre tela, 114 × 114 cm
Atardecer, mixta sobre tela, 97 × 92 cm
Recuerdo, mixta sobre tela, 100 × 83 cm
Memorias, mixta sobre tela, 97 × 92 cm
Límites de la sombra, mixta sobre tela, 73 × 55 cm
Reflexiones azuladas, mixta sobre tela, 81 × 92 cm
Sombra, mixta sobre tela, 46 × 61 cm
Transparencias, mixta sobre tela, 100 × 73 cm
Transparencias II, mixta sobre tela, 100 × 73 cm
Renacida, mixta sobre tela, 41 × 92 cm
Zafiro, acrílico y carboncillo sobre tela, 146 × 100 cm
Albada, acrílico y carboncillo sobre tela, 80 × 100 cm
Bieguni, pág. 182, óleo sobre tela, 89 × 92 cm
Carmen Alvar Simón Busom
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