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Marcos Palazzi

Dwanggedachten
05.04.18 — 01.05.18
El pez se llama Pinocho y mi hijo Simón, óleo sobre madera, 100 × 81 cm
La siesta, óleo sobre madera, 46 × 55 cm
El concierto de Sun, óleo sobre madera, 35 × 38 cm
Después de la cena, óleo sobre madera, 38 × 46 cm
Las cervezas de Oriol, óleo sobre madera, 100 × 81 cm
Calçotada Pink Floyd, óleo sobre madera, 73 × 92 cm
El maquinista y el cantante Crooner, óleo sobre madera, 65 × 92 cm
19:48 Árbol y pintor, óleo sobre madera, 80 × 80 cm
Los Reyes Magos, óleo sobre madera, 50 × 50 cm
El gato de Catón en el purgatorio, óleo sobre madera, 100 × 81 cm
Interior con gasolina, óleo sobre madera, 54 × 65 cm
La Adoración, mixta sobre madera, 55 × 46 cm
País, mixta sobre madera , 92 × 65 cm
El desayuno, lápiz sobre papel , 84 × 79 cm
La niña de Grow, óleo sobre madera , 81 × 65 cm
Restaurador de la casa del Tibet , óleo sobre madera , 70 × 100 cm
EL profeta , óleo sobre madera, 54 × 65 cm
Paul Gauguin Airlines , óleo sobre madera , 55 × 38 cm
Julian Halton buscando un tutorial de pegamentos , óleo sobre madera, 73 × 60 cm
La calma del pescador , óleo sobre madera, 146 × 114 cm
Santa Okupa Sun, óleo sobre madera, 35 × 50 cm
Aparición en el Soho, mixta sobre papel, 76 × 65 cm
Eutanasia en Vall d'Hebron , mixta sobre madera , 130 × 97 cm
La herencia de Decrecy, óleo sobre madera, 73 × 92 cm
Conjunto de 37 pequeñas obras , mixta

Marcos Palazzi

Dwanggedachten

Acerca del artista

«Pinto la vida cotidiana, lo que me atrae…», afirma. Efectivamente, los personajes de sus cuadros aparecen –individualmente o en grupo– en situaciones muy habituales: en el metro, durmiendo, viajando, mirándose al espejo, en la cocina, con los amigos… y casi siempre se trata de la gente que conoce, de su familia, o de él mismo.

Marcos Palazzi transforma escenas que podrían resultar aburridas o incluso sórdidas en imágenes divertidas, fascinantes, llenas de ironía… que nos dejan perplejos y nos hacen sonreír. Lo hace con naturalidad y simpatía, con un sentido del humor inteligente, sutil y elegante; es por ello que sus cuadros desprenden una alegría vitalista.

Su manipulación de la realidad mezcla el intimismo con la distancia irónica, sin ánimo de criticar nada… También puede ser poética, y con una implicación emotiva, pero nunca es cursi.

El lenguaje de Palazzi es básicamente realista, con referencias al pop o incluso al cómic. A menudo cita a otros artistas que admira, o convoca personajes de ficción que le atraen.

La base de sus cuadros es un dibujo, hecho con lápiz de grafito y con un virtuosismo minucioso, que a menudo se deja ver en algunos espacios del cuadro final. A continuación, aplica la pintura al óleo con una gama sobria pero cálida de colores, en la que dominan los amarillos y los naranjas. Tiene un interés especial por la luz; en especial la iluminación artificial, que él enfoca hacia determinadas zonas de sus cuadros.

Singular y transgresor respecto a las corrientes contemporáneas, Marcos Palazzi suma su libertad en la elección de temas a la de escoger –desde la excelencia– la técnica con la que desea expresarse en cada ocasión.

Su trayectoria de exposiciones empieza en 1992 y le ha llevado a distintas ciudades de España y también a Italia y Nueva York en varias ocasiones.

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