Miquel Vilà

Barcelona, 1940

Como dijo Jordi Gabarró, «Miquel Vilà simboliza perfectamente esta lucha de los grandes pintores actuales contra la muerte de la pintura». Se considera un defensor de este lenguaje artístico. Su obra, al igual que su personalidad, es expresiva y directa. Crítica, intensa y dramática. Utiliza composiciones y perspectivas subjetivas —en apariencia caóticas pero siempre muy estudiadas— que resultan incluso turbadoras: la fisicidad de sus paisajes suele cristalizar en un mundo de una cierta irrealidad, de la misma manera que los objetos que habitan sus bodegones están casi siempre fuera de lugar, pero por eso mismo atrae de forma inesperada. La subversión de lo real se convierte en uno de los elementos que definen aquello que Fontbona definió como atmósfera Vilà. Bodegones mínimos y paisajes sin anécdota: pura plástica. Su luz es dramática, como de atardecer otoñal. Una luz interior, untuosa, que parece resbalar por la piel de los objetos, o de los mismos paisajes.

Ha elegido a sus predecesores y no ha dejado de dialogar nunca con ellos, sobre todo pertenecientes al Novecento italiano, pero también algunos de sus compañeros de generación. Su dilatada trayectoria ha hecho que su obra haya sido expuesta en galerías de todo el país, además de Italia, Suiza y Estados Unidos. Francesc Fontbona escribió en 2004 un catálogo razonado sobre su obra desde 1959 hasta 2003, y expone en Sala Parés desde 1990.

{{ priceFormat(priceMin) }}
{{ priceFormat(priceMax) }}
,
{{ product.height }} x {{ product.width }} x {{ product.length }} cm
(Transporte incl.)
Vendido
No se han encontrado elementos para mostrar.
{{ cart.result }}
{{ exhibition.year }}