Garikoitz Cuevas

Sanlúcar de Barrameda, 1968

«Garikoitz Cuevas no es un pintor. […] bueno, maticemos: Garikoitz Cuevas no es solo un pintor. Además es un poeta que no trabaja con palabras sino con luz». Josan Hatero describe de este modo la obra de Garikoitz Cuevas. En efecto, la poesía está fuertemente vinculada a su trabajo.

Esta cualidad poética y expresiva de su obra es lograda especialmente a través de la técnica del décollage, entre otras. A partir de la superposición de capas de distintas elaboraciones y su alteración mediante la acción de arrancar fragmentos, Garikoitz consigue efectos únicos que, aunque coqueteen con el caos, no son fruto exclusivo del azar. Cuevas selecciona cuidadosamente sobre qué partes del lienzo aplica las preparaciones ─en las que mezcla cal, polímeros, pigmentos o fibras, para buscar unos efectos muy específicos─ y cuál será el método para extraer estos acabados, llegando, incluso, a prender fuego al lienzo. Este proceso crea unas piezas de una enorme potencia textural.

La inconfundible personalidad artística de Garikoitz Cuevas le ha llevado a exponer en Madrid, París, Milán y Ciudad de México, y a ser reconocido en numerosos concursos a nivel nacional, haciendo que su obra esté presente en algunas de las principales colecciones del país. Expone en Sala Parés desde 2004.

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