Menú

Actualidad

Lluís Ventós

17.05.16 — 17:34

Artículo: La Vanguàrdia, Carlos García Osuna

Formas geométricas y un toro de espuma

Lluís Ventós (Barcelona, 1952) es un artista autodidacta que realizó su primera muestra personal en 1977, en la galería Seny, de Barcelona, donde presentó dibujos y pinturas marcados por un cierto automatismo de carácter surrealista. Con parecidos planteamientos estéticos se presentó en 1980 en la galería Trece, con los naipes y los juegos de cartas como protagonistas. A partir de entonces su evolución incorpora elementos lúdicos aunque lo que informa su obra, tanto en el campo tridimensional como en el de la pintura, es su vinculación con la geometría.

Pinturas acrílicas y collages en madera, serigrafías y, sobre todo, esculturas de vidrio combinado con metal, exhibían la indudable influencia del constructivismo en formas orgánicas, frías y sensuales al tiempo, que alcanzan la doble virtud de poder ser consideradas piezas artísticas y también objetos de diseño.

 

La actual exposición de la Sala Parés, donde tiene una cita con su público desde hace veinte años, reúne 20 esculturas, 11 pinturas y 3 collages que definen una creación tan amplia como consecuente en la que coexisten sus temáticas de Fetiches, Moais, Martinetes y Tauromaquia, además de una carpeta de poemas de Joan Simó titulada Anoxe a la que Ventós incorpora cinco serigrafías impresas sobre linters de cáñamo que proyectan las distintas fases de la luna sobre fondo negro y constelaciones por las que vuela la imaginación del creador barcelonés que hace gala de un enorme poder de síntesis.

Si Lluís Ventós toca prácticamente todos los palos del arte, asimismo se adentra en los del flamenco, en las culturas primitivas, en el ámbito de la tauromaquia aunque normalmente sea el estético y no en el dramático de lo que acontece en el ruedo. Igualmente es dilatado su registro de las técnicas utilizadas, el óleo, el acrílico, el collage y la serigrafía por lo que respecta a la creación bidimensional, y la madera, el hierro, el mármol de Bélgica, el mármol de Carrara, el basalto y el ébano cuando es la escultura la que envía su mensaje.

Los moais de la isla de Pascua, que ya alcanzaron protagonismo en su última exposición en esta galería hace un par de años, siguen colocando sus estructuras verticales afianzadas telúricamente pero con capacidad de aspirar a dialogar con los dioses, y las testas de los toros, sobre todo uno plasmado en mármol blanco de Carrara, nos quieren transmitir la seguridad de que estas bellas bestias cuentan con un alma que puede ser citada a la verónica por un torero que no lleva la muerte entre los pliegues de su capa sino que se rinde ante la belleza de un morlaco de espuma.

Carlos García-Osuna