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Los Mares del Tiki

12.11.15 — 07.01.16
Pazos en Tikiland, óleo sobre tela, 75 × 75 cm
Bora Bora II, óleo sobre tela, 50 × 61,5 cm
Turistas, óleo sobre tela, 75 × 150 cm
Dieselpunk, óleo sobre tela, 75 × 75 cm
Aeropuerto, óleo sobre tela, 65 × 100 cm

Los Mares del Tiki

La obra de Charris ha estado vinculada desde siempre a la idea del viaje. Ya sea en sus ciclos sobre territorios lejanos –África, Laponia, la América de Hopper o la Bélgica de Spilliaert–  como en las visiones de su cotidianeidad. Su mirada es la del viajero que avanza por la historia y por el presente con el ánimo dispuesto a la sorpresa y el asombro, uniendo puntos a veces imposibles, combinando imágenes y conceptos hasta entonar una canción extraña y al mismo tiempo familiar.

A través de una figuración de línea clara, heredera de multitud de referencias pictóricas, el pintor le da forma a imágenes concebidas como un collage de fuentes y contenidos a veces contrapuestos, en los que lo narrativo aparece a veces de forma sutil y otras de manera mucho más explícita.

Su nueva serie –Los mares del Tiki– lo ha llevado ahora a las islas y playas soleadas del Pacífico –Hawai, la Polinesia francesa, Nueva Zelanda– pero también a esa otra imagen tras el espejo del Paraíso que fue la cultura Tiki, que desde América se extendió tras la segunda guerra mundial por todo Occidente, desperdigándose en forma de bares tropicales y moteles de remota inspiración isleña, que, mezclado con el movimiento moderno (y oponiéndosele otras) sirvió un cóctel de primitivismo, kitsch, optimismo y erótica, a un mundo devastado por el lado oscuro.

En el imaginario occidental los mares del sur están unidos a la idea del Edén, una nueva Arcadia, un lugar donde sus habitantes viven una vida sencilla en comunión con la naturaleza. Desde Melville a Stevenson, de Jack London a Gauguin, del Tabú de Murnau al musical Al sur del Pacífico o las películas de Elvis Presley, aquellas islas lejanas han ido creando un objeto de deseo en torno a la fuga de la civilización y de las complicaciones de la vida moderna. Un espejismo de ocio, sensualidad y relajo, que tiene su versión más doméstica en la idea de la playa, y que ha sido abundantemente explotada por la industria del turismo de masas.

En esta exposición conviven lo puramente real con lo aportado por la iconografía de lo paradisíaco,  lo auténtico con lo falso, lo exótico y lo cotidiano, en imágenes que siguen presentando esa multiplicidad de capas y significados marca de la casa, donde se cuelan la actualidad, la reflexión y la ironía, tamizado todo por la luz y el espíritu de la Pintura.

Las obras formarán parte del libro  –“Los mares del Tiki”– actualmente en preparación, con textos de Sema D’Acosta, Eloy Fernández Porta, Juan Manuel Bonet y el propio autor.

 Ángel Mateo Charris (Cartagena, 1962) es un artista consolidado con una trayectoria que lo ha llevado a exponer en galerías, ferias y museos de todo el mundo. Sus obras constan en colecciones de arte contemporáneo tan relevantes como: Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía (MNCARS), Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Fundación BBVA, Fundación Coca-Cola, Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa, Colección Fundación Bancaja, Col·lecció La Caixa, Museo Artium (Vitoria),  Museo Patio Herreriano (Valladolid), Col·lecció Banc de Sabadell, Centro de Arte contemporáneo de Burgos (CAB) entre otras.

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