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Germán Portal _ Como una retrospectiva

12.01.17 — 28.02.17
Giacomo, Giacomo, óleo sobre tela, 81 × 65 cm
S/T (Restos), 2014, óleo sobre tela, 81 × 65 cm
S/T (Cueva), 2014, óleo sobre lino, 146 × 116 cm
No vuelo, 2014, óleo sobre lino, 100 × 81 cm
S/T (Géiser), 2014, óleo sobre lino, 146 × 114 cm
Recogimiento, 2014-2015, óleo sobre lino, 41 × 33 cm
Figura con horizonte, 2014, óleo sobre tela, 73 × 65 cm
Despertar, 2014-2015, óleo sobre lino, 41 × 33 cm
Origami, 2015, óleo sobre lino, 41 × 33 cm
Forma en torsión, 2015, óleo sobre tela, 24 × 19 cm
Forma escultórica desplegable, 2013, óleo sobre tela, 41 × 33 cm
No sueño, 2015, óleo sobre lino, 55 × 46 cm
Montaña, 2015, óleo sobre lino, 73 × 65 cm
Espectro 2015, óleo sobre lino, 27 × 22 cm
Espumameba 2013, óleo sobre tela, 22 × 16 cm
Escondite 2013-2014, óleo sobre lino, 165 × 130 cm
Doble (reverso) 2014, óleo sobre tabla, 186 × 156 cm
Doble (verso) 2014, óleo sobre tabla, 186 × 156 cm
Doble burro 2014, óleo sobre lino, 41 × 33 cm
Somni interromput 2015, óleo sobre lino, 81 × 65 cm

Germán Portal _ Como una retrospectiva

Según buena parte de las fuentes consultadas, se entiende por Aquelarre la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales mágicos y cuya época de apogeo parece ser que transcurriría entre finales de la Edad Media y el siglo XVIII. Por bien que estos rituales y hechizos solían tener su origen en creencias religiosas precristianas o neopaganas también se acepta, desde escritos cristianos, la posibilidad de que fueran actos de invocación y adoración a Lucifer.

Pero también hay otra fuente que afirma que la palabra Aquelarre, más que referirse a la reunión de brujas y brujos designa los lugares donde éstos se reunían para llevar a cabo sus rituales mágicos. Es más, dice que si esta palabra se vincula a una de las reuniones de brujas y brujos más famosa que se conoce -a saber: la de Zagarramurdi- ello es debido a que aquelarre es el nombre por el que se conocía el campo que se hallaba justo enfrente de la cueva.

Sea cual sea su origen o la consistencia del guiso que se cocía en sus ollas, lo cierto es que a que la que se menciona esta palabra de origen vasco no es extraño que a uno le venga a la mente el pequeño cuadro pintado por Francisco de Goya entre 1797 y 1798 para el palacio de recreo de los Duques de Osuna en Barajas y que desde 1928 se halla en la Fundación Lázaro Galdiano desde que su fundador lo adquiriera para su colección particular. Se trata de una pintura difícil de olvidar no sólo por sus tonos oscuros y el desasosiego que crean en el espectador sino por cuánto saca a relucir la agrupación de personajes que configuran su visión de un Aquelarre.

Para sacar a relucir lo que permanecía oculto y mostrar sin ambages los entresijos que sustentan buena parte de su producción, Germán Portal ha convocado para la ocasión una suerte de aquelarre conceptual agrupando treinta obras realizadas entre 2013 y finales de 2016 en lo que bien podría considerarse como una retrospectiva.

Articulada en torno a una copia de 2005 de aquel célebre cuadro de Goya como muestra de la tendencia de Portal a sondear y profundizar la ruta de los caminos abiertos por artistas que le han precedido y que, en tanto que referentes pero también como guías, le permiten abordar la pintura así como los retos que le plantea desde el momento en que se inclina por la investigación a través de este lenguaje tan solitario, la suerte de mini retrospectiva con que se formaliza esta exposición sirve para poner de relieve los puntales sobre los hasta ahora se ha venido sustentando la obra de este artista. A saber: los mitos que se crean en torno a la historia del arte, el contenido de sus relatos y la posibilidad de reescribirlos a partir de parámetros más personales, con cierto sentido del humor, el ánimo de desacralizarlos y la voluntad de reconsiderar la pervivencia de la experiencia artística que, inevitablemente, el tiempo se encarga de aniquilar; la voluntad de generar una experiencia artística en un sentido más crítico y tan ajena al conocimiento de carácter lineal como próxima a la diversidad de miradas, la confrontación de discursos, el choque de lenguajes y la coexistencia de intereses vinculados al deseo de romper los estereotipos del artista como genio, el aura de la obra de arte o la lectura de los movimientos artísticos a la manera de una película con sus planteamientos, nudos y desenlaces; el interés de Germán Portal en reescribir ciertos hitos de la historia del arte -desde los clásicos hasta las vanguardias- mediante el uso de materiales precarios, el aspecto que tendrían si lo hiciera cualquiera de nosotros y el deseo de que el espectador entienda que, por encima de todo, lo que intenta es disfrutar al máximo a través del ejercicio de lo que más le gusta tanto desde la práctica como desde la investigación; el dominio de la técnica pictórica a través de la cual se inmiscuye en el paisaje, borda un retrato o es capaz de reflejarse; en suma, la destreza de una artista en citar sin vergüenza alguna las fuentes de las que bebe con el fin de fomentar la reflexión en torno al significado de las formas en el arte a través de la historia, el uso o reescrituras que se hacen de ellas, los relatos a los que dan pie y el grado de responsabilidad que los propios artistas también suelen tener con el modo en que su obra trasciende el momento en que la hace.

Agrupada en distintas colecciones de obras pensadas para poner de relieve tanto algunos de los temas a los que nos hemos referido como la capacidad de referirse a los cimientos de nuestra cultura occidental desde una mirada desprejuiciada, popular, cercana y mostrando sin tapujos la inconsistencia de lo que antaño se pudo considerar como inamovible, permanente, dogmático e inflexible, esta propuesta de Portal que a ojos de todos debería funcionar como una retrospectiva responde al deseo de manifestar que el devenir histórico no es sólo incontrolable e inabarcable sino que se halla ocultamente poblado de seres que, ajenos a las corrientes de cada época y lo que la historia ha convenido en ilustrar como movimientos o corrientes artísticas, llevaron a cabo una obra cuyo fin consistía, posiblemente como la suya, en dar rienda suelta a la necesidad de pintar siguiendo la senda de los caminos que nunca van a terminar.

 

Frederic Montornés

 

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