Menú

De tèxtil i altres conceptes

29.06.17 — 11.08.17
Máscara, óleo sobre tela, 61 × 50 cm
Pirámide y plátano, óleo sobre tela, 50 × 61 cm
Bodegón a contraluz, óleo sobre tela, 92 × 65 cm
Contenidor verd, óleo sobre tela, 50 × 61 cm
Coche entelado, óleo sobre tela, 28 × 36 cm
Bates, óleo sobre tela, 50 × 61 cm
Pinzas plancha, óleo sobre tela, 65 × 81 cm
Bodegón infinito bis, óleo sobre tela, 40 × 50 cm
Máscara 3, óleo sobre tela, 81 × 54 cm

De tèxtil i altres conceptes

Nos podemos referir a la pintura desde tantos puntos de vista como sean sus modos de llegar hasta nosotros. De modo que si hay quien se refiere a ella desde el análisis de los colores, sus formas, los iconos y su composición también hay quien lo hace desde el ámbito de la semiótica de la imagen, la enjundia de sus elementos históricos o socio-antropológicos, el modo de combinar con la tapicería de sus sofás o el color de las paredes, diciendo que ven en ella lo que nadie es capaz de demostrar, preguntándose acerca de lo que les sugiere y de lo mucho o poco que, a partir de ello, son invitados a reflexionar o pensando en nada de todo lo dicho al considerar que la pintura es su única razón de ser así como también la de existir en este mundo donde vivimos. Por las razones que sean.

Formado entre Barcelona, Cuenca, Segismon Vilarasau es un artista cuya práctica pictórica se centra en el aspecto narrativo y figurativo de una experiencia personal capaz de hallar en la literatura el reflejo de lo que, para él, representa este lenguaje, es decir, un acto no exento de intencionalidad y a través del cual se hace patente la condición espacial y temporal en base a la cual acontece su pintura. Es por ello que, más que un reflejo de lo que ve, la suya es una obra que remite al significado de lo que se alza frente a los ojos de quien se pregunta por la historia de la pintura, el modo en que se materializa y el aspecto figurativo con el que se acopla tanto a su historia personal como, por qué no, a la de cada uno de nosotros.

Supe de la existencia de Segismon Vilarasau a través de un amigo pintor que me habló de su recuerdo con una gran admiración. Me dijo que coincidieron en la facultad de Bellas Artes de Barcelona, que vivía al margen no sólo de la ciudad, que su obra era tan buena como extraña, que era el fruto de una mano sabia, una técnica depurada, un gran poder de convicción y una destreza sin parangón y que, situándose en la estela de lo que se conoce como figuración las suyas eran obras que de figuras no tenían casi nada. Debo confesar que con estos ingredientes y otras palabras que, por supuesto, no eran estas, poco o nada podía imaginar en relación a la obra de este artista.

Con el fin de dilucidar este enigma, concertamos una visita para vernos en su estudio de Alicante. El galerista, el artista y yo. Y fue llegar a su espacio para ver que ante nosotros no se hallaba cualquiera sino alguien que, al margen de su voz, nos hablaba de lo cercano con la distancia que se requiere, de lo ajeno con una proximidad que hasta casi se toca, de las cosas que son sin que lo parezca y de lo que esconde una apariencia cuando de lo que se trata es de mostrar algo. En su caso, el deseo de hacer de su práctica pictórica aquella acción a la que nos hemos referido y que es justamente la que mueve al pintor a reflejar lo que construye con sus propias manos. Aquello que monta el artista para que el modo en que lo ve sea lo que nos remita a la acción a través de la cual todo nace en su obra, se desarrolla, evoluciona y muere. No en vano uno de los temas a los que recurre con más asiduidad radica en cuestionar la validez de la pintura -empezando por la suya propia- sometiendo la tela a todo tipo de pruebas para dialogar con la fragilidad de su soporte. Aquel sobre el que el pintor estampa su visión del mundo por trivial que parezca.

Por ello no es baladí que el título de esta exposición se resuma en una sola palabra: textil.

Sobre telas y sus posibles usos es acerca de lo que versa esta exposición de Vilarasau. No se trata de una lección de confección sino de una pura y simple prueba de fuego en torno a la resistencia de este material. Una suerte de apología a la capacidad de una tela para esconder entre sus pliegues la simplicidad de un bodegón o la progresiva desaparición de un cuerpo. Una suerte de apología a la capacidad de una tela para imprimir lo que ciega a nuestros ojos a través de la acción del tiempo, la historia que es capaz de suscitar, la potencia de su materialidad o el raudal de asociaciones que el artista es capaz de recrear con tan solo lo que tiene a mano o lo que sale a buscar aunque sea al aire libre.

Más que como sentencias, las suyas son obras que reactivan ideas. Puntos de referencia sobre una tela que, más que una ilustración, se diría que tienen vida propia. O que viven por sí mismas.

Como la imagen que el artista intenta atrapar en todo momento. Pese a la fragilidad de toda imagen. Pese a la fragilidad de cualquier tela.

 

Frederic Montornés

Más info×