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Garikoitz Cuevas

Sanlúcar de Barrameda, 1968
Puertas abiertas, Mixta sobre tela, 130 × 130 cm

Acerca del artista

GARIKOITZ CUEVAS Y LA ERÓTICA DE LA PINTURA

 

La pintura no goza de buena fama en estos tiempos en los que el Barón Rampante del conceptualismo –banal- blande sus dos cabezas, la conceptual monacal y su gemela mono canal, con aires vengativos y sectarios sobre todo aquello que tenga que ver con la pintura. Resulta conmovedor encontrar gente que aún profesa respeto y despliega proyectos en el campo de la pintura, es decir los pintores. Como todo exceso termina por volverse en contra de los excedidos, los pocos pintores jóvenes que hayan sobrevivido al desánimo de los últimos años, tendrán pronto la oportunidad de reclamar su lugar al sol en el territorio del arte contemporáneo. Al fin y al cabo el arte en todas sus manifestaciones se relaciona con la naturaleza sea humana o no, desde sus orígenes y a la naturaleza no es posible ponerle puertas. Se la puede maltratar o incluso aniquilar, que es en lo que están concentrados más de los que  están en destruir la pintura, pero no ponerle puertas.

Decía Susan Sontag en su celebrado y más bien olvidado ensayo Contra la interpretación de 1964, que el arte no es algo para interpretar o pensar, sino para disfrutar y terminaba su manifiesto con una frase que resumía escuetamente todo: En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte…

Pocas cosas podrían ser más esclarecedoras sobre la necesidad de volver al camino de la sensualidad, para pensarlo como propio,  como el placer de saber que no todos están dispuestos a recorrerlo, por incapacidad, sin duda, que es otra manera de nombrar el miedo. En la contrabalanza, no hay nada más amenazante que la silenciosa manera en que tratan de imponer su mediocre criterio. Porque no hay nada más empobrecedor que la mediocridad jerarquizada que desde el gurú hasta los adeptos lanzan para silenciar todo aquello que no logran alcanzar dentro de su limitado campo de conocimiento.

Pero tampoco nos alarmemos en exceso, qué sería de la vida sin contrarios…   Y es que ellos han visto y entendido tan poco de lo que pasó en los años sesenta y setenta del pasado siglo en el terreno del arte conceptual, que no sabríamos por dónde empezar para explicarles que esa parquedad en el saber de la vida que tienen es para ellos una pérdida irreparable. No hay terapia para restituir lo que nunca hubo. Porque el arte conceptual ha dado grandes ejemplos de cómo reinterpretar el sentido de la producción artística desde puntos de vista tan dispares como el social, antropológico o político que ha repensado la naturaleza misma del arte. Admitamos que desde su aparición se ha abierto un nuevo campo de exploración para los creadores y el público. Pero su legítimo cuestionamiento de ciertas prácticas pictóricas no puede entenderse como una enmienda a la totalidad a la propia pintura.

Pintar resulta cada día más arduo, más problemático, porque la pintura misma, al margen de sus detractores, ha sido la técnica más largamente utilizada, durante milenios, y su evolución refleja con transparencia ese largo camino recorrido. Se ha pintado tanto y de tan diversas maneras que avanzar en esa tradición hace necesario no solo conocerla en profundidad, sino un intento de ir aún más lejos de lo que los que nos precedieron han ido.

Hemos hablado de conocimiento, también de técnica, elementos básicos de toda obra pictórica. Es aquí donde se desarrolla el trabajo de Garikoitz Cuevas, en el de la búsqueda de la tradición que le precede, de esa historia en la que bucear por el solo hecho de que es inabarcable y es esta cualidad lo que permite perderse en mil historias sin solución de continuidad. Hagamos lo que hagamos la tarea nunca tendrá fin. De tal forma que su pintura en estratos, en capas incontables, que develan a la vez que ocultan, no hace más que buscar esa erótica de la pintura de la que nos hablaba Susan Sontag. El misterio de la pintura es el misterio de lo visible y no nos cansaremos nunca de volver a mirar esas pinturas que nos han acompañado a lo largo de la vida para intentar volver a ver lo ya visto, porque ahí está la cuestión más grave, la que nos produce el vértigo que precede al intento de visión ¿seremos capaces de volver a ver lo que ya vimos o nuestra mirada ha perdido el brillo que la hacía estar siempre atenta a cualquier nueva posibilidad de visión que nos hiciera intentar convivir con el misterio? Porque el misterio nunca se devela o no del todo. Si fuera desvelado habría dejado de tener sentido. La obra de arte desaparecería como tal.

Garikoitz  intenta cada vez lo que sabe de antemano que no logrará y tampoco querría hacerlo. En cada uno de sus estratos, en cada pequeño sondeo en busca de lo que la pintura esconde, solo encontrará pintura, en una suerte de juego sin límite porque se alimenta de si misma, como portadora que es del sistema más eficaz que ha encontrado el hombre de hacer visible aquello que no comprende, porque es el deseo lo que lo alimenta.

Es lo que Garikoitz Cuevas lleva haciendo mucho tiempo y es lo que nos importa de su obra, el deseo de conocimiento que la alimenta.

 

José Guirao Cabrera

Sacudida. Hoy no I, Mixta sobre tela, 80 × 80 cm
Morderse la lengua, Mixta sobre tela, 100 × 120 cm
Respiración asistida , mixta sobre tela , 150 × 130 × 9 cm
Daniel Cuervo Carlos Díaz
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